La lana

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La lana es una de las fibras textiles más utilizadas en el mundo. Este nombre se aplica a las fibras suaves y rizadas que se obtienen principalmente de la piel de las ovejas, pero existen además otros animales que la proporcionan, tales como la alpaca, ca
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La lana

La lana

Quí­micamente, la lana es una fibra de proteí­na llamada queratina, que se caracteriza por su finura, elasticidad (se puede alargar hasta un 50% de su longitud sin romperse), longitud (aproximadamente entre 35 a 350 mm) y aptitud para el afieltrado. Estas caracterí­sticas se deben a que la superficie externa de las fibras que la forman está constituida por escamas muy pequeñas, abundantes y puntiagudas que sólo están fijas por su base y encajadas a presión.
 
Antiguamente, las ovejas salvajes tení­an una primera capa corta y lanosa que estaba cubierta por una capa de pelo largo, tosco y recto. Este pelo ha desaparecido a lo largo del tiempo en las variedades domésticas, ya que las crí­as se han ido seleccionando para mejorar tanto la calidad como la abundancia de lana. Pero no sólo basta escoger a los mejores especí­menes, ya que también la producción de lana de oveja depende de la nutrición, del clima y de su cuidado.

Las ovejas generalmente se esquilan (cortar la lana) una vez al año, en primavera o a comienzos del verano, pudiéndose esquilar dos veces al año en las regiones donde el clima es templado. El corte se hace muy cerca de la piel, para lo cual se utilizan esquiladoras mecánicas que cortan la lana en una sola pieza, llamada vellón. El peso promedio del vellón de una oveja de la mejor variedad es de 4,5 kg. También se obtienen pequeñas cantidades de lana de los corderos sacrificados para su consumo; esta lana se clasifica como lana de “segunda”, porque la lana se obtuvo de animales muertos.

Producción

Alrededor del 40% de la producción mundial de lana se obtiene de ovejas merinas y un 43%, de variedades cruzadas. El 17% restante procede en su mayorí­a de variedades especiales de oveja y otros animales tales como el camello, la alpaca, las cabras de Angora, Cachemira y Mohair, la llama, la vicuña, el yak y el guanaco. La lana se utiliza en la fabricación de mantas, alfombras, tapicerí­as y  confección de ropa.

Actualmente se utilizan más de mil millones de cabezas para la producción de esta fibra textil. La producción mundial de lana bruta lavada era de 1,6 metros en 1993.

La longitud de la fibra, la finura y la estructura de la lana dependen de la parte del cuerpo de la que provenga, es decir, de las diferentes partes de la piel. La calidad de ésta también cambia según las diferentes variedades de oveja. La oveja merina es la que proporciona la lana más fina, la de mejor calidad.

Australia es el primer productor y exportador de lana en el mundo, siguiéndole la antigua Unión Soviética, China, Nueva Zelandia y Sudáfrica. En Latinoamérica se destaca Argentina y Uruguay. El hemisferio sur proporciona más de la mitad de la producción mundial (Argentina, Uruguay y la República de Sudáfrica). Los principales importadores son los paí­ses de Europa occidental, Estados Unidos y Japón.

La Wool Commission regula desde 1920 el mercado mundial, ya que a través de él se comercia casi la mitad de la producción del mundo, la cual es adquirida por China, Japón, paí­ses de la ex-Unión Soviética y otros.

¿Qué tiene de malo la lana?

Durante años, los cientí­ficos han cruzado las ovejas merinas para obtener un tipo de oveja de piel exageradamente arrugada. Cuantas más arrugas, más lana. Desgraciadamente, la búsqueda de mayores ganancias rara vez se corresponde con lo mejor para los intereses de las ovejas. En Australia, la excesiva cantidad de arrugas provoca mayor sudoración y mayor riesgo de contraer “fly-strike”, una horrible infección causada por un tipo de gusano que aparece en los pliegues sudorosos de estas ovejas con exceso de arrugas. Para contrarrestarlo, los ganaderos realizan una “operación” sin anestesia llamada “mulesing” que consiste en cortar trozos de carne de la zona que rodea el ano, lo que deja una herida sangrante y dolorosa.

Sin intervención humana, a las ovejas sólo les crecerí­a la lana lo suficiente para protegerse de las inclemencias del clima, pero las técnicas cientí­ficas de crí­a han logrado que estos animales se hayan convertido en seres deformes, en máquinas de producir lana.

Esta antinatural sobrecarga de lana, que a menudo alcanza la mitad de su peso corporal, se convierte en un sufrimiento añadido en los meses de verano. A menudo mueren exhaustas por el calor. Paradójicamente, sólo en Australia mueren un millón de ovejas cada año por quedarse indefensas ante el frí­o tras ser esquiladas.

Cada año, sólo en Australia cerca de diez millones de corderos mueren con sólo dí­as de edad, debido a cuidadores inexpertos, pero sobre todo a la enorme cantidad de ovejas por rebaño que hace imposible su vigilancia.

De la lana del Reino Unido, el 27% es “lana muerta”, arrancada de la piel de ovejas y corderos que han sido sacrificados en el matadero.

Fuentes:
http://www.profesorenlinea.cl/mediosocial/Lana.htm
http://www.ivu.org/spanish/faq/clothing.html